el d_efecto barroco: políticas de la imagen hispana

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Lo barroco (numantino) en el laberinto de la hispanidad

“Lo barroco (numantino) en el laberinto de la hispanidad”. Un texto de Joaquín Barriendos para LatinArt.com

(English version: The Baroque D_Effect)

En la ví­spera de lo que la diplomacia iberoamericana convino en llamar el Quinto Centenario-Encuentro de Dos Mundos, el ensayista catalán Xavier Rubert de Ventós publicó un libro titulado El laberinto de la hispanidad (1987). En dicho ensayo lo barroco español se define como un clasicismo numantino, es decir, como el estilo de una nación que aspira a modernizarse a partir de la perpetuación de un modelo clásico que, atrapado en el tradicionalismo contrarreformista, no consigue otra cosa que un pacto polí­tico deforme, temperamental, heráldico, centralista y anacrónico. Desde este punto de vista, el barroco español serí­a el reverso de la modernidad racional calvinista: un estilo barroco peninsular de hacer polí­tica que, obcecado en la restauración pí­rrica de su clasicismo, sólo puede vivirse como ensoñación. “En El laberinto de la hispanidad -nos advierte el ensayista- entendí­ el barroco como un intento de seguir siendo clásico en un mundo que no lo era”. La patologí­a del barroco español consistirí­a entonces en concentrar poder colonial (no sólo polí­tico y mercantil sino también cognitivo y semántico) mediante el teatro de la inclusión, el mestizaje, la autorreflexividad y la crí­tica al individualismo: “Personalmente he de reconocer -afirma sin inhibiciones Rubert de Ventós- que a la admiración que como clasicista siento por el enorme esfuerzo figurativo y hermenéutico del Barroco español se mezcla el temor que como liberal me produce su voluntad integrista y totalizante”. Una voluntad totalizante que, como reconoce acertadamente el propio Ventós, no se agotó con la caí­da de la dictatura, sino que sobrevivió más allá de la transición.

Como es sabido, fue a través de la sublimación afirmativa de lo hispánico en tanto que raza universal que el franquismo promovió una polí­tica cultural expansiva destinada a resolver el problema de la excepcionalidad negativa de lo español. Dicha excepcionalidad se basaba en la idea de que, en el concierto de las naciones del mundo, la española se distinguí­a por un defecto: por su temperamento irracional que hací­a de lo español algo atractivo como alegorí­a literaria pero profundamente inconsistente en tanto que identidad polí­tica. La hispanidad cristiano-franquista hablaba por lo tanto de superar ciertos rasgos negativos de lo español para que la verdadera manera de ser hispana pudiera liberarse y proyectarse universalmente. Al Hombre-Español, gobernado por un temperamento irracional, deberí­a sucederle pues el verdadero Hombre-Hispánico, guiado por la razón. Las palabras de Rafael Gil Serrano en su Nueva Visión de la Hispanidad de 1947 describen de manera reveladora este ideario: “El temperamento Español, con esa modalidad de apasionamiento explosivo, cuando no está bien encauzado y dirigido es, como hemos repetido, la causa de todos los Defectos propios de los Hombres de España […] Este fenómeno es tí­picamente español, es decir, español a secas o no-español, pero de ninguna manera auténticamente hispánico”. Paradoja extrema, ya que el control de las pasiones desbordadas es justamente la antí­tesis de lo barroco. El ser del nuevo Hombre-Hispánico ideado por Gil Serrano serí­a, en este sentido, un hombre anti-barroco de alcances universales. Como puede verse, dicha hispanidad fue un intento de resolver/difuminar el «problema español» por la ví­a de su irradiación ecuménica, para lo cual hací­a falta que el dilema del ser español se asumiera como propio en Hispanoamérica: tení­a que volverse constitutivo del ser hispano. El propio Gil Serrano propuso sustituir el nombre de América con el de Neohispania.

En gran medida, lo que El laberinto de la hispanidad de Rubert de Ventós intentó fue practicarle una vasectomí­a a los legados de esta hispanidad cristiano-franquista. Es en este sentido en el que debemos entender sus palabras cuando nos asegura (en un capí­tulo sintomáticamente llamado “Encuentros en el laberinto”) lo siguiente: “Valgan entonces estas notas, si no de otra cosa, como muestra o testimonio de que la patética reflexión hispana sobre la propia identidad puede verse aún potenciada y complicada con la reflexión catalana e iberoamericana”. En otras palabras, Rubert de Ventós nos advierte que, si dejamos que sea el tardo-casticismo el que piense por sí­ solo el problema de la hispanidad, la excepcionalidad defectuosa de lo español terminará por convertirse en una monstruosidad de alcance verdaderamente hispano. Sin proponérselo, El laberinto de la hispanidad nos recordaba que debí­amos de tener cuidado a la hora de celebrar el ‘encuentro’ entre dos mundos.

A casi un cuarto de siglo de su publicación, la exposición El D_Efecto Barroco. Polí­ticas de la Imagen Hispana (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 11/2010 – 02/2011) intenta sacar del olvido aquella advertencia de Rubert de Ventós y nos propone un nuevo recorrido -más arriesgado, más entretenido y con promesa de polémica- por los últimos vericuetos en el laberinto de la hispanidad. Un laberinto en el que lo hispano, la hispanidad, el hispanismo, lo español, el español, Hispanoamérica, Iberoamérica, «the hispanic» -entre otras especulaciones geográficas, polí­ticas y lingüí­sticas derivadas del expansionismo colonial e imperial Español- se apelmazan y se utilizan de manera intercambiable a pesar de sus obvias diferencias históricas y sus pronunciadas incompatibilidades geopolí­ticas. Desde el punto de vista escenográfico, El D_Efecto Barroco es una suite en once partes, bien estructuradas en su lógica interna pero que transversalmente dialogan entre sí­ sólo de manera oblicua: entre las explicaciones de lo que según Luis Figueroa es el barrokitsch mexicano, la monumental opacidad de los Archivos F.X de Pedro G. Romero, los extractos de la entrevista al propio Rubert de Ventós y el video Die Schöpfer der Einkaufswelten de Harun Farocki hay nulas o tantas conexiones como a cada espectador se le antoje. Aceptando lo anterior como una virtud y no como un defecto, nos vemos obligados a centrar este breve comentario más en las sugerentes especulaciones terminológicas de la muestra que en la coherencia de cada una de las obras respecto al discurso curatorial (la exposición incluye decenas de horas de entrevistas a personajes tan diversos que resulta difí­cil pensar en un hilo conductor que las atraviese).

Nuestra percepción general es que El D_Efecto Barroco esponja la tesis del clasicismo numantino propuesta por Rubert de Ventós hasta tal punto que ésta se presenta girada 180 grados sobre sí­ misma, propiciando la aparición de lo que podrí­a llamarse una polí­tica barroca numantina; esto es, un relato de las polí­ticas de la imagen hispana en el que todo lo defectuoso, lo delirante, lo deforme, lo populista, lo kitsch o lo efectista tiende a ser leí­do como barroco, incluso si éste se expresa bajo formas clásicas o como negación de lo barroco. Desde este punto de vista, el mediático y chabacano “Por qué no te callas” que el rey Juan Carlos de España le perpetró al mandatario Hugo Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado deberí­a leerse como la expresión ‘clásica’ de esta deformidad de la polí­tica barroca en el mundo hispano; serí­a el estilo churriguerzco superior de la polí­tica de cooperación iniciada con el ‘felipismo’.

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Acerca de este blog

El d_efecto barroco. Políticas de la imagen hispana: un proyecto de investigación sobre el mito barroco en el relato de lo hispano, iniciado en 2004
Exposición y catálogo/DVD en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), 2010-2011; Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Quito, Ecuador, 2011-2012
La memoria administrada. El barroco y lo hispano, Katz, 2011

Coordinación general: Jorge Luis Marzo y Tere Badia

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