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Historia de una esquizofrenia: los pabellones de México en las exposiciones internacionales (1889-1929)

Se presenta en el Museo Nacional de San Carlos, en la Ciudad de México, una exposición sobre la evolución de los pabellones nacionales de México en las diferentes exposiciones internacionales, desde 1889 hasta 1929. Sin lugar a dudas, una magnífica oportunidad para observar los vaivenes en la búsqueda de un “estilo” nacional que representara al país como marca en el conjunto de “iconos” globales perseguidos en este tipo de manifestaciones.

El proyecto, impulsado por la anterior directora del Museo, Fernanda Matos, y ampliado por la nueva directora, Carmen Gaitán, es una buena oportunidad para observar ciertos cambios de rumbo en algunas de las instituciones culturales mexicanas, que comienzan a plantearse reflexiones postnacionalistas más allá de las eternas lecturas esencialistas que las han presidido durante décadas. Para información detallada, recomiendo el catálogo editado con motivo de la exposición.

En síntesis, la exposición recorre los pabellones de México en la exposiciones internacionales celebradas en París (las de 1889 y 1900), en Río de Janeiro (1922) y en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929), con algunas referencias a las exposiciones de Filadelfia (1876), Chicago (1893), Búfalo (1901), y St. Louis (1904).

“¿Cómo demonios nos mostramos los mexicanos?”: esa es la pregunta última que este proyecto suscita. Y precisamente la oportunidad de ver la esquizofrenia de las elites políticas y culturales a la hora de definir la identidad nacional a lo largo de un periodo crucial de su historia, desde el Porfiriato hasta pasada la Revolución, es lo que resulta verdaderamente útil para desgranar finamente esa cuestión.

Exposición Internacional de París, 1889

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Para la Exposición parisina de 1889, el proyecto seleccionado por las autoridades mexicanas para representar al país corrió a cargo de Antonio Peñafiel. Se trató de un homenaje a las culturas antiguas del país, en especial a la azteca, pero presentadas bajo los códigos de la arquitectura neoclásica. El edificio incorporaba elementos de los sitios arqueológicos de Huexotla, Teotihuacán, Xochicalco y Mitla. El conjunto escultórico del exterior del edificio corrió a cargo de Jesús Contreras.

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La idea era transmitir no la realidad indígena, que en todo caso estaba representada mediante los productos exhibidos en el interior, sino la grandeza histórica de la nación, interpretada por la filantropía y el cientifismo de la elites ilustradas del Porfiriato, que, como es bien sabido, abogaba por una revisión afrancesada de lo estilístico.

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El Pabellón mexicano plantea ese espíritu científico en el marco de una arquitectura “imperialista” en las mismas raices de la nación, las prehispánicas: nada mejor para conseguir una visión “moderna”, de corte clásico, pero al mismo tiempo exótica de lo mexicano.

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Exposición Internacional de París, 1900

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Para la gran exposición parisina de 1900, la apuesta por la inspiración prehispánica estaba ya agotada. Los debates sobre la cuestión, intensos entre políticos y arquitectos, fueron solucionados por una apuesta directa por el estilo neoclásico. El mensaje no podía ser más claro: México era una nación tan moderna y evolucionada como cualquier otro país europeo, por lo que sus imaginarios estilísticos también iban en la misma línea que los europeos. El Pabellón mexicano fue encargado al arquitecto Antonio M. de Anza. Este incluyó alusiones a las etapas históricas del México moderno: la Independencia, la Reforma y la “Pax” porfiriana.

Exposición Panamericana de Búfalo, Estados Unidos, 1901

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Ya en 1901 comienzan a observarse ciertos cambios de rumbo en la forma en que las autoridades porfirianas plantean el estilo nacional. En Búfalo se proyecta un pabellón que abandona los modos clasicistas y se vincula su imagen a una suerte de eclecticismo en el que imperan alusiones hispánicas y moriscas.

Exposición Universal de Río de Janeiro, 1922

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En la Exposición de Río de 1922-1923, organizada con motivo del Centenario de la independencia de Brasil, se puede observar el más sorprendente proyecto de todos los que México realizó hasta la fecha. La Revolución está prácticamente finalizada y el país sometido a las zozobras de una redefinición total de su pasado e identidad. Es en este contexto, que el nuevo Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, impulsa personalmente un pabellón de estilo colonial. Esta decisión, aparentemente sorprendente, hay que entenderla a través de la propia figura de Vasconcelos, que en aquellos días promovía un práctica artística de estado, que a modo de nueva evangelización republicana recogiera la raiz popular de la expresión nacional, que él identificaba en el barroco novohispano.

El proyecto ganador fue obra de los arquitectos Carlos Obregón Santacilia y Carlos Tarditi. La propuesta no puede ser considerada más que en términos casi alucinatorios. El proyecto presentaba nada más y nada menos que un palacio colonial con el pórtico propio de una iglesia. Y en el centro del mismo, en vez de imágenes religiosas, un escudo de México, con el águila, la serpiente y el nopal, sacralizando la nación mexicana, en sintonía con la función “nacional” de la imagen de la Guadalupe, impulsada por “lo popular”.

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Exposición Iberoamericana de Sevilla, 1929

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En 1929, la lucha revolucionaria ha acabado y México, mientras lame sus heridas y se apresta a una nueva formulación de sí mismo, acude a la exposición sevillana con un discurso de autoafirmación nacional, tamizada de guiños hispanófilos dirigidos a la comunidad latinoamericana y en especial a las autoridades españolas, un tanto preocupadas por la actitud iconoclasta del obregonismo y del “maximato” (el gobierno y alargada sombra del presidente Plutarco Elías Calles), fuentes de lo que llegará a ser el PRI (Partido Revolucionario Institucional). Se trataba de marcar el nuevo perfil revolucionario de la nación (sobre todo a partir de interpretaciones de lo “popular”) pero sin cortar las amarras de ciertos mercados y foros.

El pabellón mexicano en Sevilla fue diseñado por el arquitecto Manuel Amábilis Domínguez en un estilo “neomaya” combinado con sobrios elementos modernos. Para los murales y las escultores, se contó con la participación de Víctor M. Reyes y Leopoldo Tommmasi López, respectivamente.

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Para resumir: una buena oportunidad para observar la ansiedad “barroca” de la identidad oficial mexicana. Uno se queda con ganas de estirar la muestra hasta otras exposiciones internacionales posteriores, en las que se pueden observar, si cabe con mayor claridad, las contradicciones y tensiones del pensamiento identitario priista. Pero, en todo caso, sólo cabe felicitar al San Carlos por la ocasión ofrecida.

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Acampada Democràcia Real Ja – Plaça Catalunya de Barcelona

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¿Puedo hablarle con libertad, excelencia? Arte y poder en España desde 1950

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Editorial CENDEAC

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Samaranch

Juan Antonio Samaranch, que presidía la Diputación de Barcelona cuando se produjo el fallecimiento de Franco, valora en una grabación de la época la figura de Franco.

Juan Antonio Samaranch valora la figura de Franco con motivo de su muerte

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Gracias a Quim Tarrida por el audio.

Verdaderamente inaudito…

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Ante una obra de arte

He aquí dos trabajos sobre la recepción e interpretación de algunas obras icónicas del arte contemporáneo por parte de estudiantes de escuelas de Liverpool. La dirección es de Mike Figgis. Gracias a Albert Soler por la noticia.


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El Gañán: sobre el arte

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Alegoría con tricornio flotante

Y en la misma línea del post anterior, he recuperado una noticia que salió ya hace un tiempo (1999) sobre un monumento a la Guardia Civil en Madrid. Amigos, ¿se lo imaginan?

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Leer más.

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Y dale con las raices y la identidad

Según el Rey de España, “el arte nos cohesiona y engrandece como sociedad, al tiempo que nos proyecta como país fuera de nuestras fronteras”. Para el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, “la cultura española es raíces e identidad y, sin ellas, no se puede ir a ninguna parte, no hay cohesión y orgullo de pertenencia, ni solidaridad […] La globalización no puede acabar con lo nuestro, con lo que nos cohesiona como pueblo”.

Esta obsesión por definir el arte como fenómeno identitario parece un chiste y nos deberíamos reir… o no?

Ver noticia completa.

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El Museo Histórico de Estocolmo: ovación

Estocolmo. Suecia. El Museo Histórico de la ciudad (Historiska Museet) es toda una lección sobre cómo presentar un relato de la identidad nacional. Es muy difícil ver hoy en Europa y en el mundo una interpretación tan objetivamente crítica de lo “propio”, de lo “nacional”, aportando al visitante una distancia constructiva tan inteligente como enriquecedora de los modelos con que se ha ido pergeñando la misma idea de historia como de nación. Para sacarse el sombrero.

El museo está dedicado a la cultura vikinga y a la Edad Media. Sólo entrar, uno se encuentra con el siguiente aviso:

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O sea, cuidado (nos dicen) que los vikingos ni son suecos ni Suecia existía, por lo que intentar cualquier discurso de legitimación nacional en el pasado hará aguas.

Poco después, una sala recoge las diferentes interpretaciones interesadas que se han hecho de los vikingos en la propia Suecia, desde el siglo XIX y sus obsesiones de creación de un “dominio” histórico nacional, hasta el siglo XX con sus lecturas raciales y biologistas hasta los intentos por parte de la democracia de hacerse con una visión “pacífica” de la cultura de antaño.

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En un plafón final, una vikinga negra, con la siguiente leyenda:

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Pero la cosa no acaba ahí. En salas posteriores, en un brillante despliegue museístico, se nos interroga directamente sobre quién escribe la historia, preveniendo al público sobre la cuestión. Incluso muestran en clave del todo irónica a los próceres de la ciencia histórica responsables de los relatos que hemos heredado (Mommsen, etc):

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Otro interrogante de lo más sutil: nos preguntan sobre cómo se ha organizado el mundo como archivo y a quién responde esa categorización:

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Y nos muestran visualmente qué ha salido elegido y qué se ha decidido que no tiene importancia. De forma verdaderamente fácil de entender:

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¿Por qué elegimos unos objetos y no otros?

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Y aún más allá: ¿quién nos cuenta de los objetos que nunca se han encontrado?

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Insisto en que muy pocas veces, por no decir ninguna, puede uno ver algo así en los cientos de museos históricos que recorren las capitales de los estados, siempre obsesionados en justificar lo nacional trazando líneas argumentales que se sumergen en los tiempos más remotos, identificando orígenes con maneras de ser.

Ni en los museos de Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Italia, México, Chile, Rusia, Bélgica, Suiza, Estados Unidos, Finlandia, por citar algunos, podemos encontrar cosas así.

Y de España, ¿qué podemos decir? Visitar el Museo de América en Madrid no sólo es un insulto a la inteligencia del visitante, sino un oprobio hacia los países americanos. Un museo obsesionado en presentar a las hijas de la madre patria como si se les hiciera un favor, esforzándose en dar una lectura cientifista con los viajes de Malaspina que apenas puede esconder el profundísimo sentido colonialista que opera detrás.

¿Qué decir de la famosa calavera que presidía hace unos años el recorrido del Museu d’Història de Catalunya, en Barcelona, junto a una etiqueta que lo databa hacía 3 mil años y que nos daba a entender que estábamos antes el primer catalán? ¿Qué decir del Museo Sabino Arana, en la sede del PNV de Bilbao, en donde guardan en una urna de vidrio un trozo de madera quemada perteneciente a la barandilla de la casa del fundador del partido y del país, orígen icónico de lo euskaldún?

Para que en la península encontremos museos como el de Historia de Estocolmo deberán pasar muchos años en los que tendremos que seguir rindiendo cuentas a una historiografía rancia y casposa completamente alejada de interpretaciones críticas, objetivas y distanciadas.

Para acabar con un ejemplo de cómo están las cosas en España, nada mejor que echar una ojeada al pasaporte español actual. ¿Alguien se ha dado cuenta de su aberrante gráfica? Una gráfica establecida en el año 2003, no en 1903. La primera página ya nos muestra un mapa del Atlántico con los viajes de Colón y con las 3 carabelas.

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Pero eso no es todo. En las páginas sucesivas, se nos muestran diversos animales y sus procesos migratorios por el mundo, dando literalmente a entender que la llegada de los españoles a América fue un proceso natural, biológico, inevitable, de la misma manera que las ballenas recorren las corrientes marinas del mundo. Sin comentarios.

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En fin, felicidades al Museo de Historia de Estocolmo.

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Menoslobos

Impulsado por el colectivo de danza La Porta de Barcelona, se ha inaugurado un proyecto de reflexión sobre la política cultural en Catalunya durante los últimos años que se inicia con una serie de entrevistas a ex-responsables institucionales: Gemma Sendra, Xavier Marcé i Berta Sureda. Está claro que se cubren algunas espaldas, pero no deja ser interesante apreciar algunas cuestiones que se plantean.

Proyecto Menoslobos: http://www.menoslobos.org/

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Catálogo El d_efecto barroco. Políticas de la imagen hispana

La memoria administrada. El barroco y lo hispano

Archivo de prensa (impresa y online) de noviembre de 2010 a abril de 2012

Acerca de este blog

El d_efecto barroco. Políticas de la imagen hispana: un proyecto de investigación sobre el mito barroco en el relato de lo hispano, iniciado en 2004
Exposición y catálogo/DVD en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), 2010-2011; Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Quito, Ecuador, 2011-2012
La memoria administrada. El barroco y lo hispano, Katz, 2011

Coordinación general: Jorge Luis Marzo y Tere Badia